OlibebesHe tardado tiempo en sentir que adoro a mis dos hijos por igual.

Me sentía mal porque no fui la típica madre que quiso a sus hijos como una leona en cuanto nacieron. No. Mi amor ha sido progresivo y, ahora, infinito. Pero sí hubo algún tiempo que el sentimiento no parecía estar igualado.

Mi hija Olivia tiene dos bebecitos. Nos movemos con ellos, dondequiera que vayamos. Desde el principio, ella los quiere por igual.

Les da los mismos besos y caricias, en cantidad y en intensidad. Les da de comer lo mismo y con el mismo cuidado y atención. 

Es increíble. Ella tiene solo 2 años, pero sabe repartir incluso lo inconmensurable.

Viéndola, y como acaba de terminar el verano, es de obligado cumplimiento pensar en cómo debemos atender a nuestros alumnos.

Preocuparnos por todos, sin excepción.

Todos. Hasta que comprendan. Ni uno menos.

Muchos amigos y compañeros, más experimentados que yo, se apresuran a decir que eso es imposible, que atender a todos los niños es una utopía.

Creamos en esa utopía. Luchemos juntos por aulas donde sea el maestro el que no entiende. El que no entiende qué pasa por la cabeza de nuestros alumnos para no dar respuestas, o para dar respuestas que no esperábamos. Analicemos las situaciones. Investiguemos y preguntemos a esos niños que no comprenden, que no llegan, o que sí lo hacen pero lo hacen diferente al resto.

El currículo nos pide explicar algoritmos de la multiplicación. No nos quedemos en el típico algoritmo tradicional. Brindemos al alumno otras formas de hacer. Otros algoritmos, otras estrategias. Invitémosles a que sean ellos los que inventen otras formas de multiplicar.

Estudiemos e investiguemos. Convirtamos nuestro aula en un taller de pensamiento matemático…

Y, sobre todo, no tengamos miedo a compartir. Compartir maneras de pensar… Abramos nuestra mente a otros razonamientos y convertiremos a nuestros alumnos en grandes pensadores.

Si María Cortés no entiende esa cosa tan complicada que es multiplicar… Por favor, no la olvides.

Tú deber es ayudarla, facilitarle el camino. 

Es pedagógico multiplicar descomponiendo:

 

Muy bonito y divertido multiplicar con regletas:

 

E increíblemente gratificante convertirse en pequeños matemáticos e inventar tu propio algoritmo para resolver multiplicaciones:

 

No dejes a ninguno por el camino.

Bríndales tu sabiduría y dales tu cariño.

A todos, igual.